• ¿Por qué en el Perú hoy más que nunca tenemos razones para apoyar la Marcha del Orgullo? Hagamos un poco de historia para entender el origen de esta celebración. La madrugada del 28 de junio de 1969 tuvo lugar en EEUU, la “rebelión de Stonewall” (bar de Nueva York). Luego de la segunda guerra mundial, la homofobia campeaba y las redadas policiales contra homosexuales eran frecuentes. La rebelión de Stonewall marca un hito, porque por primera vez en la historia de EEUU, unos gays repelen a la policía, negándose a aceptar la ley que los enjuiciaba como ciudadanos de segunda clase, como enfermos, criminales pervertidos, que no merecían ser protegidos por la compasión de los “correctos”. A diferencia de otras oportunidades, alguien gritó: basta y eso fue el inicio de enfrentamientos que se sucedieron por tres días. De allí surge la conmemoración del suceso en años posteriores que luego se ha extendido a distintos países de los cinco continentes. 

    Pero el verdadero legado de la rebelión de Stonewall es la lucha por la igualdad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Ojo, no se trata de estar orgulloso de ser LGBT así nada más, sino de estar orgulloso a pesar de serlo en un ambiente que obliga a avergonzarse por ello. 

    Ahora volvamos a nuestra realidad, parece que en Perú todavía vivimos en 1969. Podemos afirmar, que el Estado peruano se viene ganando a pulso y de lejos lo logrará, el título de Estado más homofóbico de la región. Un Estado- laico sí en la teoría, pero dominado de facto por grupos evangelistas y católicos ultraconservadores – un Estado, que no solo no impulsa leyes de protección para la población LGTB, sino que la coloca en una situación de peligrosa vulnerabilidad. Un Estado que la excluye de su Plan Nacional de Derechos Humanos, por ser un “tema controversial”. Un Estado, cuya Comisión de Derechos Humanos acaba de aprobar un dictamen que excluye la categoría de orientación sexual y de género de la ley que debería agravar las penas de aquellos delitos motivados por la discriminación u odio. Dicho de otro modo, ser homosexual en el Perú te puede costar la vida y al Estado eso no le importa.

    Por eso, tenemos razones de sobra para marchar. Este es un tema que además debe involucrar a la sociedad en su conjunto porque pone en juego los principios básicos de los derechos fundamentales. Hoy más que nunca, autoridades, intelectuales, artistas, madres y padres de familia, jóvenes y todas las personas que creen en los principios de igualdad y justicia; los defensores de los derechos humanos no pueden mirar de costado y deben alzar sus voces de protesta desde el rol que desempeñan y porque no acompañar en esta Marcha que más que una fiesta es una protesta. FAVOR DIFUNDIR, ETIQUETAR, QUE SE NOS OIGA. 
    Disculpen la longitud, pero es proporcional a la indignación y la necesidad de tomar acciones ya! l